|
La parte más importante del Comentario Teológico
está dedicada a "un intento de interpretación
del secreto de Fátima". Del mismo modo que la palabra
clave de la primera y de la segunda parte del "secreto"
es la de "salvar almas", "la palabra clave de este
'secreto' es el triple grito: '¡Penitencia, Penitencia,
Penitencia!'. Viene a la mente el comienzo del Evangelio: 'paenitemini
et credite evangelio' (Mc 1,15). Comprender los signos de los
tiempos significa comprender la urgencia de la penitencia, de
la conversión y de la fe. Esta es la respuesta adecuada
al momento histórico, que se caracteriza por grandes peligros
y que serán descritos en las imágenes sucesivas.
Me permito insertar aquí un recuerdo personal: en una conversación
conmigo, Sor Lucia me dijo que le resultaba cada vez más
claro que el objetivo de todas las apariciones era el de hacer
crecer siempre más en la fe, en la esperanza y en la caridad.
Todo el resto era sólo para conducir a esto".
3) Después, el prefecto de la Congregación para
la Fe pasa revista a las "imágenes" del secreto.
"El ángel con la espada de fuego a la derecha de la
Madre de Dios recuerda imágenes análogas en el Apocalipsis.
Representa la amenaza del juicio que incumbe sobre el mundo. La
perspectiva de que el mundo podría ser reducido a cenizas
en un mar de llamas, hoy no es considerada absolutamente pura
fantasía: el hombre mismo ha preparado con sus inventos
la espada de fuego".
"La visión muestra después la fuerza que se
opone al poder de destrucción: el esplendor de la Madre
de Dios, y proveniente siempre de él, la llamada a la penitencia.
De este modo se subraya la importancia de la libertad del hombre:
el futuro no está determinado de un modo inmutable, y la
imagen que vieron los niños no es una película anticipada
del futuro, de la cual nada podría cambiarse. En realidad,
toda la visión tiene lugar sólo para llamar la atención
sobre la libertad y para dirigirla en una dirección positiva.
(...) Su sentido es el de movilizar las fuerzas del cambio hacia
el bien. Por eso están totalmente fuera de lugar las explicaciones
fatalísticas del 'secreto' que dicen que el atentado del
13 de mayo de 1981 habría sido en definitiva un instrumento
de la Providencia. (...) La visión habla más bien
de los peligros y del camino para salvarse de los mismos".
Pasando a las siguientes imágenes, "el lugar de la
acción -explica el cardenal Ratzinger- aparece descrito
con tres símbolos: una montaña escarpada, una gran
ciudad medio en ruinas, y finalmente una gran cruz de troncos
rústicos. Montaña y ciudad simbolizan el lugar de
la historia humana: la historia como costosa subida hacia lo alto,
la historia como lugar de la humana creatividad y de la convivencia,
pero al mismo tiempo como lugar de las destrucciones, en las que
el hombre destruye la obra de su propio trabajo (...) Sobre la
montaña está la cruz, meta y punto de orientación
de la historia. En la cruz la destrucción se transforma
en salvación; se levanta como signo de la miseria de la
historia y como promesa para la misma".
"Aparecen después aquí personas humanas: el
Obispo vestido de blanco ('hemos tenido el presentimiento de que
fuera el Santo Padre'), otros Obispos, sacerdotes, religiosos
y religiosas y, finalmente, hombres y mujeres de todas las clases
y estratos sociales. El Papa parece que precede a los otros, temblando
y sufriendo por todos los horrores que lo rodean. No sólo
las casas de la ciudad están medio en ruinas, sino que
su camino pasa en medio de los cuerpos de los muertos. El camino
de la Iglesia se describe así como un viacrucis, como camino
en un tiempo de violencia, de destrucciones y de persecuciones.
En esta imagen, se puede ver representada la historia de todo
un siglo. Del mismo modo que los lugares de la tierra están
sintéticamente representados en las dos imágenes
de la montaña y de la ciudad, y están orientados
hacia la cruz, también los tiempos son representados de
forma compacta".
"En la visión podemos reconocer el siglo pasado como
siglo de los mártires, como siglo de los sufrimientos y
de las persecuciones contra la Iglesia, como el siglo de las guerras
mundiales y de muchas guerras locales que han llenado toda su
segunda mitad y han hecho experimentar nuevas formas de crueldad.
En el 'espejo' de esta visión vemos pasar a los testigos
de la fe de decenios".
|